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viernes, 3 de marzo de 2017

VALPARAÍSO, ENTRE EL ANFITEATRO Y LA EXPLANADA. LA DISPUTA POR LA EXPANSIÓN DEL PUERTO.

 





Las discusiones y debates en Valparaíso acerca de qué debe hacerse en la ciudad o qué no debe hacerse parecen interminables, hasta el punto de tornarse exasperantes. De entre todos los temas que dan pié a estas discusiones y debates, hay dos que son predominantes: los que se refieren a la condición portuaria de la ciudad y los que se refieren a su condición patrimonial. Y, por supuesto, los que se ocupan de ambos aspectos. Pero, en este debate hay un equívoco que se hace necesario despejar. 

Valparaíso es una ciudad construida en el anfiteatro de cerros que básicamente van desde Barón a Playa Ancha. Esta condición constituye sin duda un ingrediente principal de su carácter patrimonial. Pero, como consecuencia directa de la anterior, Valparaíso en cuanto puerto carece de una explanada suficientemente extensa que haga fácil su operación. Por supuesto, hace cinco siglos, las caletas ubicadas a los pies de los cerros daban abasto para las precarias y muy escasas faenas de carga y descarga. Pero, con el correr del tiempo, esta situación se fue tornando angustiante, sobre todo cuando a partir de 1817, Valparaíso fue abierto al comercio internacional. Rápidamente su condición portuaria colapsó. Como, por cierto, no podía hacer retroceder la cadena de cerros, no tuvo otra opción que construir explanada ganando terreno al mar. Fue así, como en rápida sucesión, se agregaron calles y avenidas que, vistas hoy, parecen haber estado siempre ahí. Y éste es otro aspecto definitorio del carácter de la ciudad. El puerto y el crecimiento al que nos hemos referido son parte esencial del patrimonio de Valparaíso. Es decir, no hay contraposición entre puerto y ciudad patrimonial, pues aquél es parte constitutiva de esta. 

Con todo, las obras que comentamos no fueron suficiente, por lo que se hizo necesario complementarlas con la construcción de una enorme explanada en la parte alta y más atrás para el acopio de la carga. Es lo que se aprecia en el sector del camino La Pólvora, en Placilla y Curauma. Precisamente, la transformación de ese camino en lo que hoy es la espléndida autopista denominada Acceso Sur es la que permite la fluida interacción entre esos lugares y el Puerto mismo.

Pero, el impresionante crecimiento de nuestro comercio exterior ha dejado todo pequeño. Hoy, el puerto se ve enfrentado a la necesidad de dar otro paso. Y, de nuevo, para los efectos de la atención de naves, no hay más remedio que el crecimiento se haga ganando espacios al mar. Es el caso del proyecto que debería rematar en la construcción del denominado Terminal Dos que, tal como está concebido, en nada afecta la debida proporción entre puerto y ciudad y si se construye donde está planeado es porque, además, se beneficia de la protección que proporciona el Molo de Abrigo. Si a la vez que construir las obras propias del nuevo terminal, hubiera que construir las que le dan protección, los costos serían inabordables. 

Construir así este terminal es de hecho la única vía razonable para mantener al puerto dentro de un estándar de competitividad y, además para seguir jugando un papel decisivo en la actividad cotidiana de la ciudad.

VIÑA DEL MAR: ALGO NO HUELE BIEN

 



En esta época del año Viña del Mar acapara los titulares de las noticias. Motivo, el Festival de la Canción. Organizado en un comienzo como plataforma para la creación musical de índole popular, a poco andar derivó en un gigantesco show musical cuyo valor no está dado por las canciones que compiten sino por los conjuntos que llegan para llenar una semana de espectáculo. En los últimos años, nuevos ingredientes se han agregado, hasta el punto que el mismo show musical comienza a perder protagonismo. Ahora, es la “Gala” la que amenaza con desplazarlo. La “alfombra roja” el desfile de las “celebridades”, los vestidos de las vedettes, el “piscinazo” de la reina se toman el primer plano. Y este año, ademàs, el “piquito” a todo público de una pareja homosexual.


La jornada inicial del show trajo, por su parte, una ingrata sorpresa. En la parte destinada al humor, quien hizo de protagonista se dedicó a basurear una de las principales instituciones de la república, como es el Ejército de Chile, sin que ninguna autoridad nacional se haya dado por aludida y haya salido a defenderlo. Sobre todo cuando, como bien se sabe, el personal de ese ridiculizado Ejército se esmera en el combate contra los incendios y es el último recurso al cual el país puede acudir cuando las catástrofes lo golpean.



Hace tres o cuatro años, cuando a una pareja de cómicos se le ocurrió hacer bromas con la homosexualidad, recibió de un inmediato una fuerte reprimenda de las autoridades locales y nacionales: eran “homofóbicos”. Esta vez, nada. El silencio más patético ha sido tal vez el de la alcaldesa de Viña del Mar que, como si no pasara nada, presta su sonriente rostro para avalar todo lo que sucede durante estos días.



De hecho, ella ha quedado reducida a la condición de relacionadora pública de un producto, que toma el nombre de Viña del Mar, pero que carece de relación real con la ciudad. Es un producto que sin duda, y a pesar de todo,tiene mèritos. Pero es diseñado desde fuera y responde más que a un proyecto cultural, a requerimientos económicos, y muchas veces encarna, discutibles concepciones culturales y políticas a las cuales poco y nada les importa incluso socavar las bases que constituyen la identidad nacional.



Para los que vivimos en Viña del Mar apreciar como el nombre de la ciudad se presta para sustentar groserías constituye una afrenta que se vuelve difícil de soportar. Sucede además que el nombre de la ciudad es conocido casi sólo por este evento, por el casino municipal o por la excelencia de sus playas; pero no por alguna contribución significativa al acervo cultural y material del país. 



De la sustancia de lo que alguna vez constituyó la identidad de la ciudad, de su vitalidad propia, poco y nada va quedando. Y eso es indicio de un estado que produce mal olor.



JAIME RAVINET Y LOS ATAQUES A NUESTRAS FUERZAS ARMADAS

 

JAIME RAVINET Y LOS ATAQUES A NUESTRAS FUERZAS ARMADAS



En nuestras FF.AA., como en todos los organismos donde participan personas, se presentan problemas. Por enfrentarlos, se dotan de mecanismos de modo que ellos no afecten su desempeño. Es lo que ha sucedido con los incidentes causados por actitudes "voyeristas" de algunos tripulantes masculinos en un buque de guerra, respecto de sus colegas femeninas, o del hecho de que en otro buque de guerra se haya visto cómo se embarcaban algunas cajas de cerveza. La Armada inició los procesos respectivos para, si hubiese infracción, castigar a los responsables. De hecho, ya castigó a algunos de ellos. Y ahí debió haber terminado el escándalo que estos hechos han provocado.

Sin embargo, no han faltado quienes han tomado pie en estos incidentes para reforzar una campaña de desprestigio de las instituciones armadas que ya tiene un largo tiempo a sus espaldas. Es lo que sucede con el Partido Comunista chileno que, por cierto, no puede olvidar como hace ya más de 40 maños, fueron las FF.AA. y de Orden las que frustraron sus intentos de instaurar en nuestra Patria un régimen totalitario. Pero, también es el caso de miembros de otros partidos, como de la misma Democracia Cristiana que, por esa vía, tratan de hacer olvidar el "pecado" de haber apoyado con todo entusiasmo el paso que entonces dieron nuestros uniformados. "Los militares salvaron al país" dijeron pocos días después Patricio Aylwin y Eduardo Frei Montalva. Ahora, con similar entusiasmo, se suman a los ataques que estos militares reciben a diario y se mimetizan con quienes no se quedarán tranquilos mientras no apaguen la sed de venganza tanto por haber visto frustrados sus afanes de apoderase del país, como porque no pueden reconocer los indudables éxitos que esos militares obtuvieron en el ejercicio del poder.

Jaime Ravinet, sin embargo, no ha querido sumarse a esa campaña. Al contrario, la ha denunciado y no porque él tenga algún compromiso personal con los uniformados sino porque en sí misma ella encierra una enorme injusticia. No se trata ni siquiera de volver la vista al pasado sino de apreciar el enorme aporte que significa la presencia de esas Fuerzas en el Chile de hoy. Y no sólo porque constituyen un sólido argumento de disuasión para quienes quieran embarcarse en una aventura bélica con nosotros, sino por su indudable capacidad de apoyo en los momentos de emergencia que con frecuencia nos toca vivir. Como, por ejemplo, cuando sucedió el terremoto del 27 de febrero de 2010 o en medio de los terribles incendios que han desolado buena parte de nuestra patria.

En ambos caso, al principio, las Fuerzas Armadas fueran dejadas de lado por los complejos de quien en ambos casos ejercía el poder político del país, Michelle Bachelet, acompañada por los grupos que la apoyaban. Lo cual, como sabemos, no pasó sin producir enormes daños para todos. 

Muy valiente ha sido Jaime Ravinet, antiguo militante de la D.C., con su denuncia. Le ha valido groseros ataques. Gracias a Dios, su patriotismo ha podido más.

HACE 200 AÑOS, LA BATALLA DE CHACABUCO. LAS FUERZAS ARMADAS EN LA HISTORIA DE CHILE (UN HOMENAJE OLVIDADO)

 

HACE 200 AÑOS, LA BATALLA DE CHACABUCO. LAS FUERZAS ARMADAS EN LA HISTORIA DE CHILE (UN HOMENAJE OLVIDADO)


Ayer, 12 de febrero se conmemoraron los 200 años de la batalla de Chacabuco en la cual las fuerzas del Ejército de Los Andes, cuyo máximo comandante era el General José de San Martín y una de cuyas divisiones estaba al mando de Bernardo O´Higgins, vencieron a las tropas realistas dirigidas por el coronel Rafael Maroto dando comienzo así al fin de la dominación española en Chile. Por este motivo, se reunieron al pie del monumento conmemorativo, la Presidenta Bachelet con su par argentino, el Presidente Macri. Hablaron de todo, pero nuestra Presidenta se guardó muy bien lo que sin duda debió ser para ella el tema principal. 

La ocasión de este aniversario ha sido ciertamente una oportunidad para recordar esta gesta; pero, también correspondía recordar que sin el aporte decisivo de nuestras Fuerzas Armadas nuestro país nunca se hubiera constituido como una república independiente. Y para recordar que, en varias oportunidades posteriores, ese aporte también fue decisivo para sostener a esa república cuando amenazaba ruina. Fue lo que sucedió en 1831 cuando en la batalla de Lircay se puso término al período conocido como el de la anarquía y se dio comienzo al de la república “en forma” obra tanto de Diego Portales como de los presidentes de la época: Joaquín Prieto (1831-1841), Manuel Bulnes (1841-1851) -ambos generales del Ejército- y Manuel Montt (1851-1861). Fue lo que sucedió después en 1924 cuando las FF.AA. se vieron obligadas a recoger del suelo a este país como consecuencia del fracaso estrepitoso de los gobiernos de la oligarquía santiaguina que se habían turnado el poder a partir de la guerra civil de 1891. Y fue lo que sucedió sobre todo el 11 de septiembre de 1973 cuando la intervención de esas fuerzas fue decisiva para impedir la disolución definitiva de Chile como país organizado y su conversión en una colonia marxista más.

Fue por la profundidad de esta última crisis que ellas, además, se vieron obligadas a asumir el gobierno del país. Del resultado de su gestión se han acentuado los aspectos negativos, que indudablemente existieron. Pero, es un hecho que después de haber estado en el fondo de la tabla de los países latinoamericanos, Chile terminó, en 1990 encabezándolos y avanzando en un camino que habría de dejar atrás décadas de degradante subdesarrollo.

En todas estas ocasiones las Fuerzas Armadas actuaron como el último recurso al cual la patria podía echar mano. Durante los tiempos intermedios calladamente y sin ninguna espectacularidad dedicaron sus esfuerzos a mantener su capacidad, su orden y su disciplina, a la vez que los valores que son su sustento: la patria por sobre las ideologías. Por ello, han constituido siempre un argumento de disuasión frente a potenciales conflictos externos y siempre han estado en condiciones de prestar este último servicio, el de rescatar a la patria cuando ello ha sido menester.

Ocasión era esta, la del aniversario de la batalla de Chacabuco, para recordar estos hechos. Una lástima que no haya sido así.





Elecciones Presidenciales de 1964 y de 2017 ¿EL MISMO PÁNICO?

 





Es muy corriente escuchar a adherentes de la candidatura presidencial de Sebastián Piñera que tienen dudas acerca del candidato y que, incluso, les gustaría apoyar a otro; pero, como "es lo que hay" lo apoyarán, porque, por lo demás, se vislumbra como la única carta capaz de arrebatar la Presidencia a las fuerzas de izquierda. En última instancia, Piñera podrá ser el "mal menor", pero hay que apoyarlo porque si no, nadie sabe lo que puede pasar con el país. 

La situación ha recrudecido hasta el punto de constituir casi una reacción de pánico que no acepta ninguna argumentación alternativa. Es una reacción muy similar a la que caracterizó a la derecha el año 1964, cuando advirtió que la fuerzas encabezadas por Salvador Allende podían triunfar en los comicios de ese año. Fue entonces que esa derecha, perdiendo la cabeza, decidió no llevar candidato propio y apoyar con todo a Eduardo Frei Montalva de la Democracia Cristiana. Las consecuencias, las conocemos muy bien. Desde luego, la DC se esforzó en llevar adelante todas las ideas propias del marxismo y, como si fuera poco, seis años después le entregó el poder al mismo Salvador Allende, con el agravante de que éste se había radicalizado aun más. Es decir, la derecha, al apoyar a Frei Montalva no hizo sino postergar la aparición de un problema que, entretanto, creció como una bola de nieve, hasta el punto de hacer necesaria e indispensable la intervención militar para rescatar al país de la fosa en que había sido precipitado por la fuerzas políticas de entonces.

En este punto, conviene advertir que el problema no es, al menos por ahora, la figura del candidato. Lo más graves es que detrás de esta reacción de pánico existe la convicción de que quien triunfe en unas elecciones puede hacer lo que quiera con el país. En esa hipótesis se explica la desesperación por apoyar a alguien que pueda ganar y por jugársela por completo para evitar la victoria de otro. Pero, esta posición se sustenta en una base inaceptable. 

Si una lección hemos de sacar del 11 de septiembre de 1973 es que nunca más el país puede aceptar que su destino se juegue en unas elecciones. Estas están pensadas para elegir una autoridad; pero no para cambiar la organización de un país desde las raíces. Insensateces como las que sufrimos en la época de Allende o como estas que padece el país en este gobierno son intolerables. Y eso lo tienen que saber los candidatos. 

Por eso, si uno se mantiene al margen de una campaña no es tanto porque le moleste el personaje que hace de candidato sino porque no acepta entrar un juego de consecuencias muy peligrosas. Porque, por último, se podrá ganar esta elección; pero, ¿qué pasará en cuatro años más? Y, peor aún, si ésta se pierde ¿estamos dispuestos a entregar el país a cualquier experimento?

EL ESTADO INÚTIL

 




Bajo la mirada horrorizada de los chilenos, el país parece incendiarse por los cuatro costados. Nada más que en la Sexta Región se han quemado por encima de las 30.000 has. y Valparaíso estuvo a punto de sucumbir en una nueva hecatombe. La región del Biobío no se queda atrás y nuevos focos aparecen por todas partes.

Frente a esta situación terriblemente agresiva ¿qué hay? Un Estado asombrosamente pasivo; tal como lo ha sido por lo demás frente al crecimiento del terrorismo en La Araucanía.

Queda claro que quienes nos gobiernan son del todo incapaces de lidiar con problemas reales. Ellos, para justificar su permanencia en el gobierno, se inventan problemas que no existen o que son mucho menores, como el del mito de la "terrible" desigualdad entre los chilenos y ocupan su tiempo en darles soluciones que no solucionan nada.
Nuestros actuales gobernantes se fabrican problemas imaginarios a la medida de ellos y, por cierto, no les cuesta nada encontrarles solución tan imaginarias como aquellos.

Su mundo es la irrealidad. De aquí, su estruendoso fracaso cuando se trata de enfrentar los problemas de verdad. Para estos, no tienen ni soluciones ni capacidad para encontrarlas. Por eso, simplemente niegan que el problema exista, como sucede en el caso de los atentados terroristas en La Araucanía.

Veremos qué explicación dan ahora. En eso son maestros. Pero, entretanto, la situación sigue de mal en peor.

No hay duda de que el peor incendio está en la misma Moneda

Un denominador común: EL FRACASO

 





Michelle Bachelet ha recibido en La Moneda a François Hollande, Presidente de Francia de visita en nuestro país. Más allá del protocolo propio de este tipo de visitas, lo que ha traído a Chile a Hollande es el deseo de rendir un homenaje a Salvador Allende, al cual lo acompañará nuestra Presidenta. Es así como en un mismo acto se encontrarán tres políticos que tienen algo muy importante en común: haber fracasado rotundamente en el ejercicio del poder. De Allende, mejor ni hablar: hizo necesario un pronunciamiento militar para evitar que siguiera destruyendo a Chile desde las raíces. Hollande ha sido un muy mal payaso en el gobierno de Francia. Desde luego, más preocupado de sus affaires amorosos que del progreso de su país. Por otra parte, tan mal le ha ido a Francia en su período que hoy es un país estancado, de crecimiento nulo, cuya juventud debe salir al extranjero a buscar los horizontes que les niega su patria. El rechazo que su gestión ha provocado ha sido de tal magnitud, que Hollande ha debido renunciar por anticipado a la opción para optar al segundo período presidencial que la constitución francesa consagra.

De Michelle Bachelet, el país tiene un juicio formado que se expresa en una altísima y constante tasa de reprobación. Chile, un país que estaba a la cabeza del continente, hoy a duras penas se defiende en la mediocridad. La seguridad ha desaparecido del horizonte cotidiano del chileno. Y problemas tan graves como el terrorismo en La Araucanía, parece que para ella no existen. En vez de buscarles solución y de destrabar la economía del país, gasta su tiempo en problemas ficticios, inventados para llevar adelante políticas altamente nocivas. La reforma educacional, la reforma tributaria, el proyecto que legaliza el aborto, la verborrea en torno a lo que llaman "igualdad de género" no son más que pretextos para imponer trasnochadas y fracasadas ideologías socialistas.

De hecho, estas tres figuras emblemáticas pasarán a la posteridad como muestra de que allá donde se trata de practicar el socialismo, el resultado es siempre el mismo: el fracaso.

EL ÉXITO DE LOS FRACASADOS: MATAR A LOS INOCENTES

 





Ayer, el Senado de nuestra República aprobó la idea de legislar acerca del proyecto presentado por el gobierno que da luz verde al homicidio de seres humanos no nacidos que aún permanecen en el vientre de sus madres 

La discusión de este proyecto se ha dado en medio de enormes dificultades reales que enfrenta nuestro país y nosotros, sus habitantes. Desde luego, la gravísima emergencia provocado por gigantescos incendios que queman regiones enteras y cuyos orígenes terroristas son cada vez más evidentes. La inseguridad ciudadana frente a una delincuencia cada vez más audaz y agresiva que no hace sino crecer con el resultado de que se enseñorea del país. Una recesión económica producto de desacertadísimas medidas adoptadas por este gobierno y que amenazan con hacernos perder todo lo que avanzamos en los últimos cuarenta años. Por mencionar sólo algunos ejemplos.
En este escenario de tanto riesgo el gobierno de la señora Bachelet, en vez de enfrentar estas dificultades y tratar de superarlas, hace como si ellas no existieran. Yendo más allá, no vacila en fabricarse problemas a “su pinta” para después mostrar las “soluciones” que les da como el gran justificativo de su gestión. Es lo que sucede con el caso que comentamos. Como si no hubiera nada qué hacer, Bachelet y los partidos que la acompañan estiman que su principal tarea del momento es la de lograr la aprobación de este proyecto que, desde luego, hace tabla rasa de todo lo que se ha predicado en torno a los derechos humanos, pues legaliza el crimen precisamente de seres humanos inocentes e indefensos. Esos derechos dejan entonces de ser universalmente humanos para pasar a ser privilegio de algunos de entre nosotros. 

Mientras el gobierno fracasa en todo lo que es sustantivo e importante para la vida de los chilenos, tiene éxito en una política criminal que apunta a eliminar a nuestros compatriotas más indefensos. Por cierto, muchas veces los embarazos son acompañados por problemas nada de sencillos sobre todo para las madres, pero no hay ninguno de ellos que no sea abordable con medidas de apoyo y de acompañamiento que demuestren a esas madres cómo la sociedad está con ellas y las comprende sin que sea necesario sacrificar ni a la madre ni a su criatura. En este sentido, la realidad del aborto legalizado es siniestra, pues constituye la vía por la cual la sociedad se niega a prestar la ayuda debida a esas madres y, al contrario, las presiona para que consientan en matar a sus hijos antes de nacer.
El gobierno y sus partidos se regocijan con este éxito que han obtenido. De verdad se regocijan con lo que, en realidad, no es para Chile sino un gravísimo fracaso. Sobre todo cuando, al mismo tiempo, el país se cae a pedazos.

¿CUÁNDO MICHELLE FUE MICHELLITA?

 



ESTIMADOS, ME PERMITO COMPARTIR Y RECOMENDAR ESTE VALIOSO ARTÍCULO

PUBLICADO POR Luis Losada Pescador y todo el equipo de CitizenGO



¿CUÁNDO MICHELLE FUE MICHELLITA?

700 abogados contra la Ley del Aborto

Amigo::

Supongo que te enteraste del manifiesto de 700 abogados contra el proyecto de ley del aborto que se debate estos días en el Senado.

Lo publicó El Mercurio el pasado 8 de enero.

Dicen que todos fuimos algún día un óvulo fecundado. Michelle fue Michellita (esto lo digo yo)

Por si te perdiste el manifiesto, lo hemos publicado en la petición:


Pero te resumo lo más destacado:

“No se trata de un proyecto de mera despenalización de un crimen, sino de una incitación a cometerlo, disponiendo, como si fuera poco, la obligación de médicos e instituciones de salud de practicarlo (…) Cada uno de nosotros lo fuimos desde el momento de nuestra concepción, y somos el mismo ser de entonces, con diverso grado de desarrollo. Pretender hacernos creer lo contrario constituye un engaño que la más elemental sensatez nos impide aceptar. Nuestro derecho a la vida comenzó al momento de la concepción y está garantizado desde ese momento”

Sobre el derecho a la vida, es claro:

“Ninguna persona tiene derecho, en circunstancia alguna, para atentar contra la vida de un inocente. Menos todavía la madre de un niño por nacer quien está llamada a ejercer sobre él la posición de garante de su propia existencia, su seguridad y bienestar. El derecho a decidir de la madre está limitado por la vida que crece en su vientre”

Y responde a las tres causales que se están planteando:

Peligro de la madre: “La protección de la vida de la madre no requiere la interrupción del embarazo de la criatura, así lo asegura la inmensa mayoría de los médicos. Incluso la adopción de algunas medidas que puedan poner en peligro la vida del que está por nacer, para salvar la vida de la madre, no constituye propiamente un aborto y están autorizadas por nuestro ordenamiento jurídico”
Enfermedad del bebé: “En caso de que la criatura tenga algún problema que amenace su viabilidad al nacer, el deber de la sociedad consiste en apoyar a esas madres y a sus criaturas para que sus dificultades puedan ser abordadas sin optar por el homicidio de un inocente”
Violación: “Ciertamente ella requiere de un cuidado especial, pero en caso alguno tal situación puede justificar el asesinato de la criatura que es totalmente inocente y que, además en muchos casos, garantizaría la impunidad absoluta del violador”

Por último, el manifiesto recuerda el art. 19.1 de nuestra Constitución, que -como recordarás, Eduardo- dice lo siguiente:

“El derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de la persona. La ley protege la vida del que está por nacer”.

Así que concluye que el proyecto de ley es inconstitucional, atenta contra los tratados internacionales “pero sobre todo es contrario a los deberes mínimos de humanidad que nos impone prestar protección y cuidado a quienes siendo completamente inocentes están más indefensos y desvalidos”.

El tema se debatirá en la Comisión de Constitución del Senado el próximo lunes 16.

Si todavía no escribiste a los senadores, amigo, todavía estás a tiempo:


Si ya firmaste, por favor, REENVIA ESTE CORREO o publica la campaña en tu muro de Facebook

Mil gracias por tu compromiso en defensa de la vida.

Un abrazo,

Luis Losada Pescador y todo el equipo de CitizenGO

PD. Nos quedan unos días para que el proyecto de ley del aborto sea votado en el Senado. ¡Tenemos que frenarlo aquí! Por favor, firma y comparte

CitizenGO es una plataforma de participación ciudadana que trabaja para defender la vida, la familia y las libertades fundamentales en todo el mundo. Para conocer más sobre CitizenGO.

Para contactar con CitizenGO, escríbenos un mensaje en http://www.citizengo.org/es/contacto


IMPUNIDAD PARA LA GROSERÍA

 




Ha sido publicada la sentencia recaída en el juicio por injurias seguido contra el diputado Gaspar Rivas. Como se recordará, hace algunos meses este diputado, desde el hemiciclo de la Cámara de Diputado, injurió gravísimamente a un conocido empresario de la plaza, sacándole literalmente "la madre". Es decir, le infirió la injuria más grave. Y lo hizo en cuanto miembro de un cuerpo legislativo de la República, en circunstancia que de ellos se espera que sean modelos de conducta pare el resto de la ciudadanía. En atención a la seriedad del delito, a la circunstancia agravante de tratarse de un legislador y de que la injuria fue proferida en la misma Sala donde sesiona la Cámara, y en el transcurso de una de las sesiones, se esperaba una drástica sanción que, incluso, le acarreara la pérdida de su condición de diputado. La que se le impuso, sin embargo, es irrisoria: seis meses de pena remitida y dos millones de pesos de multa. De hecho, el diputado Rivas ha quedado impune.

Como lo han quedado, por lo demás, los autores de dos de las más extremas groserías cometidas en los últimos años. Por una parte, Roberto Fantuzzi, dirigente de gremios empresariales, a quien no se le ocurrió nada mejor que regalarle al Ministro de Economía, en la cena anual de su gremio, una muñeca inflable que representaba a una mujer diciéndole que "a la economía, como a las mujeres, hay que estimularlas. . .". Sanción, ninguna. Su gremio lo confirmó en el cargo de Presidente.

Por otra, el Ministro de Justicia, Jaime Campos afirmó públicamente que los jefes de servicio de su Ministerio "tienen sus bolas sobre el escritorio del Ministro que se las puede cortar cuando le parezca". Sanción, ninguna. La Presidentas no ha dicho "ni pío".

Pésimos precedentes. La cultura de la grosería se instala en nuestra patria. Si gente de tanta importancia puede darse el lujo de comportarse groseramente sin que nadie se inmute, no nos extrañe que comencemos todos a tratarnos como "hijos de puta" y a hacer escarnio de la dignidad de las personas como lo hicieron los personajes que mencionamos. La grosería, por lo demás, no queda ahí. Los afectados, viendo que ningunas sanción recae en quienes son los responsables de cometerla, pueden literalmente comenzar a tomarse justicia por la propia mano. De los dichos a los hechos hay muy poco trecho, dice el refrán popular y eso podemos comenzar a verlo muy pronto.

Lamentables sucesos que, sin duda, pueden terminar por afectar la normal y sana convivencia en la medida que destruyen reglas mínimas de cortesía, de buen trato y de urbanidad sobre las cuales se construye nuestra vida en común.


Los Santos Inocentes, Hoy

 




Hoy conmemoramos una de las mayores atrocidades que registra la historia: la matanza de todos lo niños menores de dos años ordenada por Herodes para asegurarse que Jesús, el recién nacido, también muriera. Herodes no podía sufrir la presencia de quien sabía era el Mesías pues, a su juicio, podía amenazar el poder de que él disponía. Nos horrorizamos con este hecho, pero tardamos en advertir cómo él puede repetirse en nuestra patria donde fuerzas cuyo poder no es menor se mueven para convencernos de que un acto como el aborto es perfectamente legal o legalizable.

Nadie, en su sano juicio, puede dudar que la criatura que se gesta en el seno materno es desde el momento mismo de su concepción una persona humana a carta cabal. Estar dentro o fuera de ese seno no es sino una circunstancia de lugar que no afecta para nada la identidad esencial de ese ser. Las modernas tecnologías de observación intrauterina se encargan de despejar, por si fuera aún necesario, cualquier duda al respecto. Tampoco puede, entonces, caber ninguna duda de que el acto cuyo fin directo es el de quitar la vida a ese ser, es un acto de matar a una persona inocente e indefensa y que, por ende, no admite otro nombre que el de homicidio. Nada, pues, autoriza para considerar al aborto como algo distinto a lo que en realidad es: un crimen abominable cuya legalización pone en tela de juicio la pervivencia de la misma sociedad. Sobre todo, cuando alrededor del aborto legalizado florece una verdadera industria de matanza cuyos métodos no van para nada a la zaga, en cuanto a crueldad se refiere, a aquellos que emplearon en su momento los esbirros de Herodes. Y no se diga que la condenación del aborto es producto de un prejuicio religioso: el comienzo de la vida de cada uno no depende para nada de las creencias religiosas de cada cual sino de la misma realidad de la vida, y de ella enseña no la religión sino simplemente la biología.

Junto con constituir un atentado a una vida humana, personalmente creo difícil encontrar otro acto, como el aborto, que rebaje más la dignidad de una mujer. Sin embargo, muchas veces una mujer, más que responsable del crimen que se comete en su seno, es otra víctima de él, porque ha sido presionada más allá de sus fuerzas para que lo consienta. Sería una gran injusticia condenarla en esas circunstancias; pero, eso no significa que podamos cambiar la calificación de lo que ha sucedido ni aceptar que carezca de responsables. En este sentido, es frecuente que un embarazo implique un arduo desafío para una mujer: puede haber sido forzada y, aun, violada; puede enfrentar una situación económica precaria; puede sentir la soledad de haber sido abandonada. Pero, afirmemos de inmediato que el embarazo no es cuestión que interese a la sociedad sólo cuando la vida de la criatura corre peligro o cuando ha sido eliminada. El deber de prestar apoyo a la mujer embarazada que lo necesite y en la medida que lo necesite es tanto o más grave y acuciante que el de perseguir el crimen que supone el aborto. Ninguna mujer puede llegar a sentirse desgraciada o desolada por haber quedado esperando un hijo hasta el punto de visualizar como única salida la muerte de éste. Si así sucediera y no recibiera a tiempo el apoyo que necesita, sepamos desde luego que la sangre de ese inocente sacrificado por la desesperación de la madre no caerá sobre ella sino sobre nosotros. La bendición que acompaña a toda maternidad puede convertirse para nosotros en una maldición si por ceguera, por soberbia o por frivolidad despreciamos esa maternidad e interrumpimos o permitimos que se interrumpa violentamente su curso.

Lo cual es especialmente cierto en un país como el nuestro que ha visto descender los nacimientos de una manera muy peligrosa. Hoy, más que nunca, tenemos que cuidar a los recién nacidos y a los recién concebidos porque en ello se va, como nunca antes, el mismo destino de nuestra patria. 

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Artículo originalmente publicado el 28 de diciembre de 2006 en El Mercurio de Santiago, 10 años atrás que recobra toda su actualidad.


8 DE DICIEMBRE DE 1863: EL INCENDIO DE LA IGLESIA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

 




El dogma de la Inmaculada Concepción de María había sido recientemente proclamado en 1854 por el Papa Pío IX. Era una fiesta que, de hecho, se celebraba en la Cristiandad desde muchos siglos antes; pero, con esa proclamación ella se hizo oficial y, como fecha, tomó la de la publicación de la Bula papal que consagró el dogma: 8 de diciembre. Desde el momento mismo de la proclamación, el entusiasmo se apoderó de los fieles católicos. Recordemos que, en Chile, en ese mismo tiempo y con motivo de esta proclamación, el episcopado nacional estableció el Mes de María que comenzaba el 8 de noviembre y terminaba el 8 de diciembre. Desde el inicio, la participación de los fieles fue desbordante. Fue precisamente, en este contexto, que sucedió una de las mayores tragedias que registra la historia de nuestra patria. 

El 8 de diciembre de 1863 una enorme multitud llenaba de bote en bote el templo de la Compañía de Jesús en Santiago, ubicado en la que ahora se llama la calle de La Compañía, o Compañía simplemente, entre las calles Morandé y Bandera. Había más de dos mil personas en el Templo; la mayor parte de ellas mujeres que se habían congregado ahí, a partir de las 18:00 hrs., para participar en la ceremonia de cierre del Mes de María. Había cerca de 2.500 cirios encendidos en todo el templo y, de súbito y por motivos que aún se desconocen, alguno de esos cirios encendió algún cortinaje. El fuego se propagó de manera instantánea por toda la Iglesia, de madera, incendiando los ropajes de la época, sobre todo de las damas. Todo esfuerzo por huir se hizo imposible. Las salidas se convirtieron en verdaderos embudos donde la gente se aplastaba unas a otras. Las puertas sólo se abrían hacia el interior por lo que el efecto del atasco se hizo demoledor.

No más declarado el fuego, las campanas del Templo comenzaron a tocar dando la alarma con el resultado de que a su alrededor se congregaron miles de personas que se convirtieron en testigos horrorizados de la tragedia. No hubo nada que hacer. Alrededor de 1.700 muertos, totalmente calcinados, constituyeron el dantesco resultado del incendio. El gobierno tomó cartas en el asunto y ordenó el rescate de los cadáveres disponiendo su traslado en carretas al Cementerio General donde fueron enterrados, durante cuatro días, en fosas comunes para cavar las cuales fue necesario organizar un grupo de más de doscientas personas. Todo, con el fin de evitar males aún mayores como el surgimiento y propagación de epidemias.

El lugar donde estaba el Templo es ahora el jardín del Edificio donde tradicionalmente funcionó el Congreso Nacional en Santiago. Ahí, se dispuso la instalación de una imagen de la Virgen para perpetua memoria de la tragedia. También se han reinstalado en el mismo lugar las campanas de la antigua Iglesia. Como consecuencia de este devastador incendio, se organizó en Santiago la Primera Compañía de Bomberos.


11 DE SEPTIEMBRE DE 1973 EL DIA EN EL QUE CHILE SE SALVÓ DE SER UNA NUEVA CUBA

 



Un homenaje a nuestros valientes soldados

El fallecimiento de Fidel Castro es ocasión para que recordemos una época dramática de nuestra historia. La que discurre entre el 4 de septiembre de 1970 hasta el día 11 también de septiembre, pero de 1973, cuando nuestras Fuerzas Armadas y de Orden asumen el gobierno de la nación, poniendo término al experimento marxista de Salvador Allende. Ese experimento, intentado durante ese período, tuvo dos puntos de referencia: hacer de Chile el hermano menor de la Unión Soviética y hacer de él una nueva Cuba. Al costo que fuera. La violenta requisición de tierras, industrias, empresas y comercio arruinó la economía nacional y el proyecto de Escuela Nacional Unificada amenazó con entregar el control de la niñez y de la juventud al aparato estatal para hacer de ellos un simple material de la revolución; el uso de la violencia, declarado legítimo para imponer el socialismo, amenazaba a la población pacífica. El país enfrentó con decisión esta asonada totalitaria. Desde el cacerolazo de las mujeres, hasta el paro de los transportistas pasando por la marcha de los obreros del cobre sobre Santiago, la oposición fue rotunda. Pero nada conseguía hacer variar los designios oficialistas. Hasta que, llamadas insistentemente por la civilidad, nuestras Fuerzas Armadas y de Orden decidieron intervenir y poner término al experimento. Chile se salvó por la decisión que ellas adoptaron.

Cuando más de 40 años después reflexionamos acerca del destino de los "modelos" que se nos intentaba imponer, no podemos dejar de valorar una vez más el paso dado por nuestros soldados. La Unión Soviética reventó de manera brutal cuando todas las poblaciones que ella sojuzgaba, comenzando por la propia y la polaca, decidieron que no era posible seguir tolerando el mar de brutalidades en que las tenía sumergida el régimen comunista. Cuba, en cambio -isla, al fin y al cabo- ha debido soportar hasta el final esta tiranía. Millones huyeron, decenas de miles perecieron tratando de cruzar el mar que los separaba de territorios libres y miles cayeron también de espalda a los terribles paredones que Fidel Castro y su fiel amanuense, Ernesto Che Guevara, levantaron y emplearon para ahogar toda oposición. La pobreza, el retraso inverosímil, el temor a las represalias, la delación y el soplonaje han marcado la vida de los cubanos durante casi sesenta años. Y, detrás de ese régimen, la figura todopoderosa, cruel y psicópata de Fidel Castro.

Nuestra Presidenta, Michelle Bachelet, se ha hecho presente enviando un mensaje donde se refiere a Castro como un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y en América Latina. Si no fuera por la tragedia que ha vivido Cuba en estos casi sesenta años; si no fuera por los que murieron por la violencia marxista y por los que tuvieron que huir y exilarse, la frase de Bachelet sería para la risa. Nada más lejos de la dignidad humana y de la justicia social que un régimen como el castrista. ¿Es que Bachelet todavía quiere replicarlo en Chile?

Defensa de la vida en Chile - por Margaret H. Hartshorn

 




Miércoles 23 de noviembre de 2016 - El Mercurio
Defensa de la vida en Chile

"Señor Director:

Chile es un país que no tiene gran tamaño y que está lejos de Europa y los EE.UU., pero que desempeña un papel muy relevante en Latinoamérica. Por eso no deben extrañarnos los esfuerzos de los grupos abortistas para desprestigiar ante la opinión pública internacional la irrestricta defensa chilena del derecho a la vida. Para ellos, resulta imprescindible que los deseos de la Presidenta Bachelet terminen por imponerse, y que este país empiece a recorrer la misma senda que los EE.UU. y otras naciones llevan recorriendo desde hace algunas décadas.

Sin embargo, existen numerosos estudios médicos, jurídicos y sociológicos que muestran que la calidad de vida de las mujeres y los niños no ha mejorado desde Roe vs. Wade, sino que, en muchos aspectos, ha decaído. Esta es una buena razón para que Chile no se rinda y tenga el valor de no seguir un camino cuyos frutos son muy amargos.

Las leyes que protegen la vida no nacida muestra que los chilenos mantienen vivo el espíritu solidario que asombró al mundo con el rescate de los mineros, con su reacción frente a la adversidad de los terremotos y en tantos momentos de su historia."

Por:
Margaret H. Hartshorn, Ph D

Presidenta de la junta directiva
Heartbeat International

VALPARAÍSO: MUCHO QUE TEMER, POCO Y NADA QUE ESPERAR

 




En unos días más asumirán sus cargos los nuevos alcaldes elegidos en la última elección municipal. Entre otras ciudades, en Valparaíso. Mucho se ha dicho y escrito acerca de cuán sorpresivo fue el resultado en esta comuna donde quedaron derrotados de manera aplastante los candidatos de las coaliciones tradicionales; en especial, el ahora ex-alcalde UDI Jorge Castro quien postulaba a un tercer período. El ganador, Jorge Sharp, elegido como abanderado de las fuerzas alternativas de la nueva izquierda obtuvo, en cambio, mayoría absoluta de los sufragios.

Ciertamente, Valparaíso requería un cambio. Recordemos que Castro no hizo sino representar una continuidad del gobierno comunal de los DC Hernán Pinto y Aldo Cornejo que tanto daño causaron a la ciudad. La ineptitud llegó hasta el punto de causar una enorme irritación en la ciudadanía porteña la que, en definitiva, se plasmó en el resultado ya señalado. Valparaíso, brutalmente, le volvió la espalda a las coaliciones tradicionales, porque con mucha razón vio en ellas la raíz de la decadencia que lo aflige.

¿Qué esperar ahora del nuevo alcalde? Lamentablemente, los antecedentes de que se dispone no dan pie para el optimismo. Sharp es muy joven, pero ya carga a sus espaldas una historia marcada por la grosería para atacar a quienes considera sus adversarios y por una capacidad de vandalismo y de destrucción asombrosa. Más grave aún, los grupos políticos que lo respaldaron, representados en el Parlamento por los diputados Boric y Jackson, son de aquellos cuyo discurso político está marcado por una gran capacidad de crítica, pero ninguna capacidad de construcción. Hacen su camino fomentando los odios y las inquinas sociales y, quienes en ellos militan, responden al rasgo de los iluminados a quienes no interesa anunciar un itinerario de obras concretas, porque descansan en la creencia de que asumiendo ellos el poder van a fluir solas las ideas que permitirán a la ciudad o al país vencer sus problemas y marchar por la senda del progreso indefinido . . . 

El caso del proyecto de construcción de un centro comercial y de un paseo costero en el sector de Barón ha sido emblemático. Fuimos muchos lo que, al comienzo, manifestamos nuestra desconfianza; pero los hechos han dado la razón a los que han promovido ese proyecto. Frente al alegato de que los terrenos asignados deben reservarse para la operación portuaria puede decirse que durante los diez años que lleva la polémica, esos terrenos nunca han sido necesarios para tal operación; ellos, por otra parte, han sido ofrecidos por la misma Empresa Portuaria que ha de velar por la adecuada gestión portuaria. Más importante aún, durante estos diez años el comercio minorista de la ciudad se ha derrumbado, precisamente porque la población va a hacer sus compras a los centros comerciales de Viña del Mar o, derechamente, a Santiago. El único comercio que hoy florece en Valparaíso es el callejero y, con él, la delincuencia, la suciedad y el abandono. Y, cuando una ciudad no es capaz de ofrecer un servicio básico como es el del comercio, la gente termina por cambiarse de ciudad. Es lo que sucede en Valparaíso. Entretanto, de estos grupos a los cuales pertenece el nuevo alcalde, no ha surgido ninguna idea concreta para resolver este problema. Es que simplemente no les interesa.

La máxima expresión de los desaciertos del anterior alcalde UDI Jorge Castro ha sido precisamente el haber permitido que la desesperación ciudadana le abra paso a un experimento que todo hace prever que terminará mal. Quiera Dios otro destino para Valparaíso.

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Una versión de este artículo fue publicado hoy en El Mercurio de Valparaíso: http://www.mercuriovalpo.cl/impresa/2016/12/02/full/cuerpo-principal/10/

En torno al pensamiento del padre Osvaldo Lira

 



R.P. Osvaldo Lira ss.cc.

En algunos días más conmemoraremos el vigésimo aniversario del fallecimiento de este benemérito sacerdote. Durante décadas fue una de las principales figuras del pensamiento filosófico y teológico en nuestra patria. Maestro de generaciones, se destacó principalmente en el cultivo y la enseñanza de las doctrinas de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino; pero, también, en las de San Agustín y de otros grandes pensadores que, con su magisterio, dieron forma a nuestra cultura. Se destacó asimismo, junto a su entrañable amigo Jaime Eyzaguirre, en el trabajo de rescate y difusión de nuestro acervo hispánico. Por estos motivos, quiero invitarlos muy cordialmente a la actividad de que da cuenta esta invitación.








Participando en el foro sobre las ideas del P. Osvaldo Lira con motivo de cumplirse en los próximos días 20 años de su muerte. En este caso, acerca de su último libro, Los Derechos Humanos, Mito y Realidad. El P. Lira fue un cabal profesor de Filosofía y el meollo de su magisterio estuvo orientado a profundizar y divulgar las principales doctrinas de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Asimismo, a defender y enseñar todo el acervo cultural propio de la hispanidad.

Esta actividad tuvo lugar en la sede viñamarina de la Universidad Andrés Bello.

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En la fotografía junto a los profesores Gildo Chiesa y Juan Carlos Ossandón




jueves, 2 de marzo de 2017

EN HONOR A LA VERDAD

 



En estos días se ha suscitado un debate acerca de la conveniencia de otorgar indultos o, al menos, excarcelaciones a antiguos miembros de nuestras Fuerzas Armadas y de Orden que cumplen pena de prisión condenados por lo que se denomina "violaciones a los derechos humanos o crímenes de lesa humanidad" cometidos durante el gobierno de esas mismas fuerzas entre septiembre de 1973 y marzo de 1990. Algunos de ellos llevan décadas en prisión hasta el punto de que casi todos son ancianos y de que un número no menor de ellos padece enfermedades terminales incluyendo Alzheimer. 

Nadie puede negar que varios de ellos cometieron actos ciertamente delictuales y aun criminales; pero también es cierto que otros han sido acusados prácticamente por presunciones que carecen, muchas veces, del debido sustento y con olvido total de las circunstancias en medio de las cuales esos hechos ocurrieron. Hay en estos juicios una total prescindencia de los motivos por los cuales nuestras Fuerzas Armadas y de Orden se vieron compelidas a asumir el gobierno del país y para que lo asumieran como tales, es decir, porque portaban armas con las cuales poner orden en el país y detener el proceso de disolución que éste enfrentaba y de hacer frente a bandas subversivas cada vez mejor armadas y cada vez más agresivas y audaces. 
Es así como los procesos a los que se someten estos uniformados no hacen honor a la verdad de la historia y, por eso mismo, se alejan cada vez más del objetivo de hacer justicia para transformarse en instrumentos de venganza.

La memoria debe traspasar hacia atrás la frontera que trata de imponérsele a cualquier precio, esto es, la del 11 de septiembre de 1973, como si la historia de Chile, especialmente de las maldades, comenzara sólo ese día. Nuestra Fuerzas Armadas y de Orden fueron llamadas a actuar porque el país no podía soportar un día más la agresión de que era objeto y que era dirigida desde el mismo gobierno; no podía soportar un día más el desabastecimiento, las colas interminables y los precios de un mercado negro que era alimentado desde las mismas empresas confiscadas por el Estado de entonces, y porque la amenaza del uso de la violencia contra la población inocente no era una pura bravata. Ella había sido declarada legítima por los partidos y grupos que estaban en el gobierno y éstos se aprestaban para aplicarla con todo rigor contra quienes se opusieran a sus designios.

Más allá de lo que, en definitiva, se decida sobre esos indultos o una eventual amnistía, es indispensable para el país recuperar su memoria íntegra, sobre todo en días como los que corren, cuando surgen movimiento, ideas y personas decididas a llevar de nuevo al país por el mismo camino del fracaso en que terminó el experimento marxista de esos días.

¿LA DEMAGOGIA DE NUEVO?

 





La discusión acerca del reajuste de los empleados públicos, incluyendo municipales y de los servicios que presta el Estado como salud y educación, ha puesto violentamente en tensión a la coalición gobernante. Por un lado, se alinean los que quieren barrer con la disciplina fiscal; es decir, casi todos. La votación del proyecto en la Cámara de Diputados fue ilustrativa: ningún diputado de Gobierno votó a favor. Clara demostración de que los argumentos de seriedad fiscal y de que no puede gastarse más allá de lo que se dispone, cayeron en oídos sordos. Quien está detrás de esos argumentos es el Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés que, muy lejos de la excitación reformista con que la sra. Bachelet llegó al poder, se la juega hoy por entero para mantener la disciplina fiscal. El sabe que, de relajar su vigilancia, el país entero caerá en un espiral de gasto donde lo que es pan para hoy terminará siendo hambre para mañana.

Los diputados, sin embargo, no están solos. Toda una amplia gama de figuras de la Nueva Mayoría se mueve detrás de ellos. Y a su cabeza, el mismo Ricardo Lagos cuyo regreso a la política es paralelo al regreso a sus viejas ideas socialistas que, durante su gobierno, tuvo buen cuidado de dejar de lado. Hoy las retoma: el ataque a las AFP y su decidido apoyo al proyecto que legaliza el aborto, así lo demuestran. Otros próceres como el senador Guido Girardi desde atrás mueven los hilos de esta rebelión. Por otra parte, el avance electoral de los nuevos grupúsculos de izquierda constituye una presión muy poderosa para que el conglomerado oficialista continúe en esta tendencia demagógica. De hecho, el Partido Comunista juega con todo desembozo a los dos lados: en el gobierno, por una parte, y en la calle, por otra, alentando a los huelguistas y manifestantes.

Lo que es rigurosamente cierto es que la realidad de la caja fiscal, para nada auspiciosa, se ha hecho bruscamente presente. Llegó la hora de pagar la cuenta; esto es, la cuenta del festival de gastos con que se inauguró este gobierno y la cuenta del feroz ataque que él desencadenó contra la fuerzas productivas del país. La menor inversión ha golpeado derechamente la creación de nuevos empleos y ha disminuido la recaudación tributaria. Es decir, el gobierno tiene ahora más bocas que alimentar y menos recursos con los cuales hacerlo. 

La tentación de salir a la venezolana, por la vía de crear artificialmente dinero aunque ello provoque inflación galopante y gran desabastecimiento, debe ser muy fuerte en las filas del oficialismo. La tenacidad del Ministro Valdés hasta ahora ha retenido esa tentación. Dentro del mismo gobierno, las lealtades no está para nada sólidas. La gran pregunta que todos nos hacemos es cuánto más la Presidenta seguirá dando la cara por la disciplina fiscal y cuanto más esperará para dar rienda suelta su carácter íntimo que, con tanta facilidad, la conduce al socialismo y a sus desatinos.

LA SALIDA: UN NUEVO LIBRO DE ANDRÉS ALLAMAND

 




LA SALIDA: UN NUEVO LIBRO DE ANDRÉS ALLAMAND
Por Gonzalo Ibáñez Santa María, abogado, Doctor en Derecho y Consejero del Círculo Acton

Intervención en la ceremonia de presentación de este libro en las dependencias del Club de Viña del Mar el día miércoles 9 de noviembre de 2016

El senador Andrés Allamand acaba de publicar su nuevo libro La Salida. Su título recuerda al del anterior, El Desalojo, cuyo objetivo era el de señalar la ruta para obtener el triunfo de la centro derecha en las elecciones presidenciales de 2013, lo que en definitiva se logró con el triunfo de Sebastián Piñera. Ahora, se trata de lograr la salida de la Nueva Mayoría -que, entretanto, logró recuperar la Presidencia- y que a ella acceda nuevamente la centro derecha.

El libro está dividido en tres partes. La primera, dedicada a escudriñar la razón de por qué el gobierno de Piñera, habiendo sido exitoso en el campo económico, terminó sin embargo en una derrota aplastante para su sector. La segunda, se refiere al actual gobierno de Michelle Bachelet y a los errores que ha cometido; y la tercera, a indicar que esos errores, bien explotados, pueden provocar la salida de la Nueva Mayoría y su reemplazo por las fuerzas de ChileVamos o de la centro derecha.

El libro está constituido por breves capítulos que más que tales, se asemejan a columnas de opinión de un periódico dando la impresión de que la sucesión en que se despliegan es más bien arbitraria pudiendo de hecho intercambiarse entre ellas en muchos casos. Pero, más allá del formato, me interesa, por supuesto, destacar el contenido de la obra. Y debo advertir de entrada que lo haré más bien con la mirada de un abogado del diablo. La obra tiene partes muy logradas; pero, en este caso creo importante dar una mirada a sus debilidades.

1.- Incitación al aventurismo político

Hay algunos párrafos de la obra que claramente pueden servir de base para aventuras política que nuestra experiencia enseña que terminan mal. En primer lugar, las afirmaciones siguientes: ". . .todas la elecciones presidenciales definen el destino del país" (p. 13); "Todo se juega en la elección presidencial y parlamentaria de 2017" (p. 187). No está de más recordar que el haber creído que ese tipo de elecciones revisten tal carácter definitorio estuvo en la base de la grave crisis que sufrió el país y que obligó al pronunciamiento militar de 1973. Hacer la afirmación que comentamos es la que entusiasma a los aventureros para someter al país a los experimentos más descabellados. Por eso, es menester recordar que para el destino de un país no es indiferente quién lo dirija, pero que él de verdad se juega en el trabajo cotidiano de sus habitantes, en el esfuerzo y en la creatividad que ellos despliegan. Es al servicio de estos factores que debe estar un gobierno. Curiosamente, fueron los partidos que estuvieron en la oposición al gobierno militar y que formaron el conglomerado conocido como la Concertación, los que mejor entendieron esta lección. Así lo demostraron en los veinte años en que fueron gobierno en los cuales se aplicaron con razonable éxito a una buena gestión del país sobre la base de respetar los fundamentos sobre los cuales el gobierno militar, al término de su período, lo dejó apoyado, sin pretender para nada introducirles grandes alteraciones. 

Por eso mismo, tampoco es posible estar de acuerdo con lo que afirma el autor respecto a que el error de Salvador Allende fue el de haber intentado "cambios revolucionarios sin contar con un sólido respaldo ciudadano y una efectiva mayoría política y social" (p.157). La experiencia que hemos tenido como país exige no olvidar nunca que la legitimidad del ejercicio del poder se define por la gestión efectiva que se haga de él. Los cambios que intentó Allende no fueron “revolucionarios” sino que fueron insensatos y descabellados hasta el punto de no dejarle al país otra salida que el pronunciamiento militar. No reconocerlo así de nuevo abre también las puertas al aventurismo político.

2.- Consejos a la centro derecha ¿o nueva versión de los postulados de la izquierda?

En este punto, Allamand expone ciertamente muchas de las ideas que han sido propias de su sector; pero, también expone otras donde muestra una cierta dependencia de las ideas que provienen de la izquierda. Por ejemplo, en el tema de la igualdad Allamad nos pide “asumir la desigualdad”(p. 76), pero la impresión que deja la lectura de los párrafos que siguen es más bien la de que, sobre este punto, él asume en parte al menos el discurso de la izquierda, agrupada en la Nueva Mayoría. Porque, como ella, él lo hace sin referencia a lo que sí debe ser la principal preocupación, la justicia, esto es que a cada uno se le dé lo suyo y que, en caso de bienes y servicios, la sociedad de la cual todos formamos parte, sea capaz de producir los que son necesarios para que nadie carezca de lo mínimo para una vida digna de una persona humana. Es cierto que en la base de la convivencia social debe estar presente la igual dignidad de todos como personas, lo cual exige un trato similar, por ejemplo, en el caso, de la aplicación de la ley. Pero, hemos de tener cuidado, cuando pasamos a otros niveles, de que poner el acento en la igualdad no ponga en jaque a la justicia: dar a todos lo mismo versus dar a cada uno lo suyo. No debemos olvidar aquellos tiempos en que se creía que todos los problemas sociales se iban a resolver no con crecimiento económico, sino con lo que entonces se denominaba “la redistribución del ingreso”. Fueron tiempos que terminaron en el empobrecimiento brutal de la mayoría del país y en el hecho de que éste cayó en el más ignominioso de los subdesarrollos.

Además, Allamand, como la izquierda, se guarda muy bien de reconocer el inmenso avance que en los últimos cuarenta años hemos tenido en el punto del progreso personal y social. Las nuevas carreteras atestadas de vehículos, son sólo un botón de muestra de ese progreso y de cómo nuestro país se ha vuelto en uno donde es posible hacer realidad viejos sueños que antes parecían inalcanzables como era el de un vehículo propio. Ha sido el resultado de las políticas que Allamand, es cierto, propone para aumentar el crecimiento; pero ellas están en vigor desde hace mucho tiempo sin que haya sido necesaria ninguna invocación demagógica a un mito como es este de la igualdad, tal como la enarbola la Nueva Mayoría.

Algo similar sucede con el llamado a la solidaridad. Es cierto que el Estado debe estar preparado y provisto de recursos para enfrentar emergencias, pero de ahí a convertirse en el dispensador universal de cuanto bien y servicio alguien pueda pensar, hay una distancia enorme. El Estado no dispone de recursos propios, por lo que los que quiera emplear debe extraerlos del cuerpo social. Hacerlo para prestar servicios bajo el pretexto de que deben ser gratuitos, como la educación, puede terminar en el peor de los descalabros, quitando recursos a la inversión y, por ende, a la creación de empleos. En estos casos suele suceder aquello de que lo que "el Estado da con una mano, lo quita con la otra. . .".

Respetar, en este sentido, el carácter subsidiario que debe tener todo Estado no es una cuestión ideológica sino una condición fundamental para el crecimiento del país y de sus habitantes. En parte Allamand asume esta premisa, pero en otra la rechaza, como cuando anuncia su aceptación para que el Transantiago no sea estatal sólo en su diseño y dirección sino también en su operación abriendo la puerta para la creación de una empresa aperadora también de carácter estatal (p. 73). La verdad es que si hay un ejemplo de cómo el haber dejado de lado la subsidiaridad estatal ha terminado en el peor desastre para las personas es este del Transantiago; y para el país, por el costo estratosférico que todos hemos debido asumir. Ojalá pudiéramos volver a servicios privados de locomoción que por su número y variedad aseguraran un efectivo y eficiente servicio de movilización colectiva a todas las personas. 

3.- Diversidad y tolerancia

En este punto (pp. 87 y sgtes.), Allamand se queja de que la centro derecha no ha sido suficientemente inclusiva con la diversidad y pone como ejemplo lo difícil que fue sacar adelante el Acuerdo de Unión Civil que favoreciera a las parejas tanto hétero como homosexuales y que debe abrirse a aceptar en seno a quienes sean partidario de legalizar el aborto en caso de violación. 
Respecto de la homosexualidad es muy cierto que la sociedad puede y debe ser más inclusiva de lo que lo ha sido hasta ahora y que debe tomar en cuenta la situación muchas veces delicada en que viven quienes se inclinan a ella o la practican. Pero, siendo ese un punto válido no puede ignorarse cómo de a poco y con creciente velocidad va adquiriendo cuerpo la idea de que en materia de sexualidad da lo mismo vivirla y practicarla de una manera o de otra, hasta el punto de que cada uno podría entrar a elegir su sexo. En este sentido, la preocupación debe estar centrada en la formación de la juventud de tal manera que por lo menos tenga claro de que no da la mismo acostarse con un hombre que con una mujer; y sobre este punto nada dice nuestro autor, validando así el discurso que la izquierda ha exhibido durante este último tiempo. Quedan también pendientes problemas acuciantes como son el de la caída de la natalidad, el envejecimiento de las personas y el aumento exponencial de los casos de violencia intradoméstica, entre los cuales destacan aquellos que terminan en femicidio o maltrato infantil.
Respecto del aborto, como dice Allamand, se podrá aceptar la colaboración para otras tareas de alguien que lo acepte en tal o cual condición; pero, en atención al debate que, sobre este punto, sacude a nuestro país, no deja de sorprender que en este libro nada diga el autor acerca de cuál sea su posición. Casi para concluir que quien calla, otorga. . .

4.- Hacia una nueva constitución

En este punto, Allamand muestra con razones muy valederas cómo este tema ha sido artificialmente levantado por la coalición gobernante para esconder el fracaso de su gestión; cómo, con él, lo que aquella busca, en buen chileno, es "emborrachar la perdiz"; cómo es de contradictorio que, después de las transformaciones que la Constitución ha recibido incluyendo las que le introdujo Presidente Lagos y que le permitieron señalarla como modelo de constitución democrática, ahora ella sea presentada como un resabio del autoritarismo militar e indigna de los derechos humanos. Por eso, se esperaba de él que no cayera en la trampa que esta maniobra implica; como él mismo lo dice, "no pisar el palito" (p. 270). Sin embargo, la conclusión es de que lo pisa. Así, él se pregunta, ¿qué debe hacer la centroderecha? y responde que ella debe "presentar un completo proyecto de cambio y reforma a la actual Constitución y trabar el debate en el Congreso Nacional" (id.). Es decir, en el fondo, hacer lo mismo que propone la izquierda: quitar el piso a la legitimidad del actual texto constitucional para embarcarse en una operación de cambio total sin que nada se diga acerca de cuál sea aquel. La única diferencia radicaría en el método: en vez de discusión popular e inclusiva, una discusión reservada al Congreso. Es la misma jeringa con distinto bitoque.

Conclusión 

Simplemente reiterar que el objetivo de esta presentación ha sido la de analizar las debilidades que aprecio en el libro de Andrés Allamand. Éste tiene mucho de rescatable y alabable; pero, si no se repara en esas debilidades ellas pueden provocar que hasta las mejores intenciones e ideas naufraguen en el mar del fracaso.

VALPARAÍSO Y SU NUEVO ALCALDE

 





La elección de Jorge Sharp como nuevo alcalde de Valparaíso ha provocado sorpresa, pues derrotó por amplia mayoría a los candidatos de las coaliciones tradicionales; en especial, derrotó al alcalde en ejercicio, Jorge Castro de la UDI. Y ha provocado una cierta preocupación no sólo por la juventud que él ostenta, sino mucho más porque a pesar de esa juventud, ya carga sobre sus espaldas una historia que no puede dejarse de lado a la hora de hacer predicciones acerca de su futuro comportamiento. 

Mucho se ha hablado, por ejemplo, de la derrota del candidato de la Nueva Mayoría, el DJ Leopoldo Méndez, atribuida a que es una persona identificada con los programas de farándula de nuestros medios de comunicación. Pero, ha de advertirse que si bien Leo Méndez practica la farándula cuando sube a un escenario, en su vida cotidiana ha sido una persona habitualmente seria y responsable. Sharp, por el contrario, busca ahora, cuando está arriba del escenario, comportarse como alguien serio; pero cuando estaba en su vida normal -si así se la puede llamar- lo hacía como un payaso, y de muy dudosa categoría.

Sorprende, por otra parte, la frivolidad con que la derecha ha pretendido desmarcarse de la derrota de su abanderado, el hasta hoy alcalde Jorge Castro. Pablo Longueira, ex-dirigente de la UDI, señala en reciente entrevista a El Mercurio que "...¡el fenómeno Sharp no existe! Solo hubo un trasvasije natural de la NM al candidato que paró Boric. . . Si la Concertación hubiese nominado un buen candidato no gana Sharp". Para declaraciones descabelladas, esta tal vez se lleve la palma, porque ¿dónde estaba Castro entretanto? Burdo afán por ocultar un fracaso que es el de Castro, pero también de toda la UDI y del resto de la derecha. Y que no es sino fruto del estado de indignación en que se encuentran los porteños que ven cómo los problemas que enfrenta la ciudad -que son los de ellos- no han hecho sino agravarse durante los dos períodos en que Castro ha sido alcalde de la ciudad.

Por cierto, será menester dar al nuevo alcalde un tiempo prudencial para que demuestre sus dotes. La pregunta inevitable es ¿las tendrá? Como todo, lamentablemente, hace predecir una respuesta negativa, habrá que estar en estado de constante alerta para evitar males aun mayores que los que padece esta sufrida y querida ciudad.

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