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viernes, 3 de marzo de 2017

HACE 200 AÑOS, LA BATALLA DE CHACABUCO. LAS FUERZAS ARMADAS EN LA HISTORIA DE CHILE (UN HOMENAJE OLVIDADO)

 

HACE 200 AÑOS, LA BATALLA DE CHACABUCO. LAS FUERZAS ARMADAS EN LA HISTORIA DE CHILE (UN HOMENAJE OLVIDADO)


Ayer, 12 de febrero se conmemoraron los 200 años de la batalla de Chacabuco en la cual las fuerzas del Ejército de Los Andes, cuyo máximo comandante era el General José de San Martín y una de cuyas divisiones estaba al mando de Bernardo O´Higgins, vencieron a las tropas realistas dirigidas por el coronel Rafael Maroto dando comienzo así al fin de la dominación española en Chile. Por este motivo, se reunieron al pie del monumento conmemorativo, la Presidenta Bachelet con su par argentino, el Presidente Macri. Hablaron de todo, pero nuestra Presidenta se guardó muy bien lo que sin duda debió ser para ella el tema principal. 

La ocasión de este aniversario ha sido ciertamente una oportunidad para recordar esta gesta; pero, también correspondía recordar que sin el aporte decisivo de nuestras Fuerzas Armadas nuestro país nunca se hubiera constituido como una república independiente. Y para recordar que, en varias oportunidades posteriores, ese aporte también fue decisivo para sostener a esa república cuando amenazaba ruina. Fue lo que sucedió en 1831 cuando en la batalla de Lircay se puso término al período conocido como el de la anarquía y se dio comienzo al de la república “en forma” obra tanto de Diego Portales como de los presidentes de la época: Joaquín Prieto (1831-1841), Manuel Bulnes (1841-1851) -ambos generales del Ejército- y Manuel Montt (1851-1861). Fue lo que sucedió después en 1924 cuando las FF.AA. se vieron obligadas a recoger del suelo a este país como consecuencia del fracaso estrepitoso de los gobiernos de la oligarquía santiaguina que se habían turnado el poder a partir de la guerra civil de 1891. Y fue lo que sucedió sobre todo el 11 de septiembre de 1973 cuando la intervención de esas fuerzas fue decisiva para impedir la disolución definitiva de Chile como país organizado y su conversión en una colonia marxista más.

Fue por la profundidad de esta última crisis que ellas, además, se vieron obligadas a asumir el gobierno del país. Del resultado de su gestión se han acentuado los aspectos negativos, que indudablemente existieron. Pero, es un hecho que después de haber estado en el fondo de la tabla de los países latinoamericanos, Chile terminó, en 1990 encabezándolos y avanzando en un camino que habría de dejar atrás décadas de degradante subdesarrollo.

En todas estas ocasiones las Fuerzas Armadas actuaron como el último recurso al cual la patria podía echar mano. Durante los tiempos intermedios calladamente y sin ninguna espectacularidad dedicaron sus esfuerzos a mantener su capacidad, su orden y su disciplina, a la vez que los valores que son su sustento: la patria por sobre las ideologías. Por ello, han constituido siempre un argumento de disuasión frente a potenciales conflictos externos y siempre han estado en condiciones de prestar este último servicio, el de rescatar a la patria cuando ello ha sido menester.

Ocasión era esta, la del aniversario de la batalla de Chacabuco, para recordar estos hechos. Una lástima que no haya sido así.





jueves, 2 de marzo de 2017

DE DICTADORES Y DE DICTADURAS

 




En todos los partidos de la coalición gobernante, en grupos extraparlamentarios más radicales y aun en algunos grupos de derecha se ha generalizado el calificativo de "dictador" para referirse a Augusto Pinochet y de "dictadura" para referirse al período de su gobierno (1973-1990)y, por esa vía, para condenarlos de manera absoluta. Curiosamente, los que más insisten en este predicamento son los que, en su momento, quisieron instaurar entre nosotros la "dictadura del proletariado". Cosas de la vida. . .

Pero, esta calificación no es nueva en la historia del país. Ya Bernardo O'Higgins recibió ese calificativo y fue obligado a abdicar en 1823 presionado por los grupos de la burguesía santiaguina que no toleraban el ejercicio de su autoridad. Diego Portales fue otro que recibió esa denominación cuando construía la república que llevaría su nombre y a la cual tanto le debemos nuestra patria y todos nosotros. Manuel Montt, presidente entre 1851 y 1861 fue terriblemente denostado por el sentido de autoridad con que ejercía el poder. Buena parte de su período transcurrió en situación de Estado de Sitio, lo que le valió no sólo el nombre de dictador sino directamente el de tirano. Hoy, lo recordamos como una de los mejores presidentes, si no el mejor, que ha tenido Chile. 

José Manuel Balmaceda, que gobernó entre 1886 y 1891 también recibió este calificativo y esa fue la causa que se esgrimió para justificar la guerra civil de 1891. Incluso, a su término y después de su suicidio, el Congreso creó la Comisión de Verdad y Justicia destinada a investigar los "crímenes de la Dictadura". Pero, desde el momento siguiente a su muerte, el pueblo chileno se encargó de poner las cosas en su lugar tributándole un constante homenaje como una de las figuras que más abnegación demostró en el servicio de la patria.

En 1924, habiendo fracasado el régimen que habían instaurado los vencedores de 1891, el país se desplomó y hubo de ser recogido del suelo por nuestras Fuerzas Armadas y de Orden, cuya figura más destacada fue la del entonces coronel Carlos Ibáñez del Campo. Este, elegido presidente en 1927 por una mayoría aplastante, renunció a raíz de los problemas que trajo la crisis económica de 1931. De inmediato, sobre todo la antigua derecha que tanto añoraba el poder, descargó sobre él la acusación de haber sido un "dictador" hasta el punto de que, el Senado constituyó una comisión destinada a investigar "los actos de la Dictadura". Tanto se machacó sobre él esa condición que, cuando la ciudadanía hastiada de los abusos de poder y de la ineficiencia que demostraron los gobiernos civiles, quiso limpiar la política de tanto escándalo, no vaciló en elegirlo a él, en 1952, precisamente porque en él veía al "dictador" que el país tanto necesitaba. Su emblema durante la campaña fue una escoba, para así demostrar que barrería con todo lo que ensuciaba a la política de entonces.

Ser denominado "dictador" no significa pues, en nuestra historia, algo necesariamente negativo. Por eso, más que de poner nombres o apodos, la preocupación debe orientarse a disponer de una buena política sobre todo cuando, como hoy, ella se derrumba por los escándalos que afectan a todos los partidos; pero, en especial, a los gobernantes por casos como el de Caval y el de las pensiones de Gendarmería; y por la colosal ineficiencia demostrada desde luego en el manejo de la economía y también, además, en la muerte y en el drama de los niños del SENAME y en el descalabro tanto del Servicio de Votaciones y Elecciones (SERVEL) como del Registro Civil.


miércoles, 18 de enero de 2017

Valparaíso y su vocación histórica, por Sonia Tschorne B

 





Valparaíso y su vocación histórica, por Sonia Tschorne B. Arquitecta, vicepresidenta Emprea Puerto Valparaíso.

"Es evidente que el Estado y el concesionario harán todos los esfuerzos para trabajar compensaciones en materia de desarrollo urbano y mejoramiento de la calidad de vida de la población porteña"

Pueden leer el artículo completo en este enlace: http://www.mercuriovalpo.cl/impresa/2016/06/14/full/cuerpo-principal/6/

HACE 100 AÑOS: LA BATALLA DE JUTLANDIA Y EL COMIENZO DEL FIN PARA EL SALITRE CHILENO.

 



El 31 de mayo de 1916, la Primera Guerra Mundial llevaba casi dos años de duración cuando se produjo la batalla naval de Jutlandia, tal vez la más grande todos los siglos. En ella se enfrentaron las dos flotas más poderosas de la época, la inglesa y la alemana, sumando entre ambas cerca de 250 navíos.
La península de Jutlandia queda a la entrada del Mar Báltico y, por lo tanto, muy cerca de los principales puertos alemanes. La flota alemana, menor en número, intentó atraer a una parte de la flota inglesa con el objeto de ir destruyéndola por etapas. Pero, los ingleses advirtieron la maniobra y enviaron detrás a toda su gran flota. El resultado fue entonces el enfrentamiento total. Este no fue largo -la batalla duró poco más de dos horas- porque se acercaba la puesta del sol. Pero, fue tiempo suficiente para que las dos flotas se martillaran ferozmente y sin piedad.

Al finalizar, el balance fue desolador, pues los ingleses perdieron 14 buques y los alemanes 11. Varios de ellos eran enormes sobrepasando las 20.000 toneladas cada uno. Murieron cerca de 20.000 personas. Pero, aunque los alemanes perdieron menos buques y menos gente, no cabe duda de que el resultado les fue altamente desfavorable. El mando alemán fracasó en su intento por destruir de a poco la flota inglesa, por lo que al final del día el peso de ésta se impuso obligando a la flota alemana a huir y a buscar refugio en sus puertos más cercanos. Los ingleses, es cierto, no destruyeron tampoco a los adversarios, pero quedaron, sin embargo, dueños del mar. Al día siguiente, los alemanes no salieron al combate y, de hecho, se quedaron en sus puertos hasta el final de la guerra. Los ingleses entonces desplegaron sus buques en un bloqueo implacable. Alemania trató de romperlo recurriendo a la guerra submarina sin más resultado efectivo que haber decidido a los norteamericanos a entrar en el conflicto del lado de Inglaterra y sus aliados.

Como no pudieron recibir más salitre chileno fue entonces que los alemanes activaron una tecnología que venían estudiando desde antes y que les permitió producir salitre sintético a partir del amoníaco y a un costo inferior al del salitre natural. Finalizada la guerra, el uso de esta tecnología se expandió con rapidez de modo que ya en 1930, nuestro salitre había perdido su propia guerra contra la competencia. Para Chile, fue el momento del desastre, aunque éste debe ser achacado no, por cierto, a los alemanes, sino de manera principal a las clases dirigentes y a los gobiernos de la época por no haber previsto una eventualidad como la que se produjo de modo de haber procurado para el país fuentes alternativas de recursos. Fue en ese momento que recién se advirtió cómo el país se había dormido en la confianza de una situación que se suponía invariable. El despertar fue durísimo.

(Imagen: "En plena batalla")

AMOR A LA PATRIA

 



Papa San Juan Pablo II

"Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles”. 

(En "Memoria e Identidad").

MES DE MAYO, MES DEL MAR

 



El próximo 21 de mayo conmemoramos un nuevo aniversario del Combate Naval de Iquique. Ocasión sobre todo para meditar acerca de la Patria como comunidad de personas actuales y de generaciones que se despliegan a través del tiempo y cuya promoción y defensa es condición necesaria para el sustento y perfección de cada uno y de nuestras familias. Pero es también ocasión para meditar acerca de la importancia que tiene para Chile el elemento en el cual se libró el combate, el mar. De hecho, para muchos de nosotros el mar, asociado a las playas, no ha sido ni es sino un buen elemento para la distracción durante los meses de verano.

Desde que el salitre comenzó a fines de la Primera Guerra Mundial (1918) a dar señales de debilidad como proveedor de recursos a la economía nacional la pregunta fue cómo encontrarle un sustituto. Con la crisis mundial de 1930, la situación se volvió desesperada. La actividad económica se desplomó y se disparó el desempleo a niveles nunca antes vistos. Fue a propósito de esta crisis que el país tomó una decisión que, en vez de solucionar el problema, no hizo sino agravarlo comprometiendo severamente su futuro y el de sus habitantes. Fue la política de “sustitución de las importaciones” que nos cerró al comercio internacional. Se postuló que el país debía concentrarse en un desarrollo de la industria nacional que le permitiera evitar las importaciones y así dar trabajo a los compatriotas. Por eso, un alza enorme de los aranceles que terminó por aislar al país. Pero, el tamaño pequeñísimo de nuestro mercado hizo ilusorio este propósito y lo único que se logró fue crear una industria que producía a alto costo, incapaz de competir en los mercados internacionales. El mar se convirtió de esta manera en un elemento bueno para producir hermosas puestas de sol, pero nada más. Se perdió el sentido de cuán importante él es como factor de conectividad entre países y entre mercados.

Todo esto cambió cuando el gobierno militar abrió nuestra economía al mundo generando así una industria capaz de competir. Fue el paso que terminó ubicando a nuestro país a la cabeza del continente y a su economía como una de las más prósperas. El mar volvió así a ser un factor insustituible de crecimiento y desarrollo. Y, por ende, los puertos volvieron a ser apreciados como piezas claves para asegurar ese desarrollo. Hemos pasado, por ejemplo, a ser los terceros a nivel mundial en el uso del Canal de Panamá y, navegando, los productos chilenos llegan a todas partes del mundo, lo que nos permite, por la misma vía, importar lo que necesitamos. Ha quedado demostrado que el mar no nos separa del resto del mundo sino que nos une a él.

Vale la pena recordarlo cuando, como ahora, gente provista de una retroexcavadora trata de minar este fundamental pilar del progreso y de hacernos volver a las trasnochadas fórmulas de un socialismo que fracasó allá donde se implantó. ¿Volveremos a contemplar el mar nada más que como un decorado de la naturaleza?

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Imagen: Zarpe de la Primera Escuadra Nacional de Thomas Somerscales (1842-1927)

viernes, 1 de abril de 2016

El bombardeo de Valparaíso, 31 de marzo de 1866

 
"Valparaíso Chile during the bombardment by the admiral Méndez Núñez".
Óleo sobre tela
por William Gibbons

El día 24 de marzo de 1866, la flota española llegó a la altura de Valparaíso y su jefe, el Brigadier Casto Méndez Núñez procedió a despachar un nuevo ultimátum al Gobierno de Chile exigiendo satisfacción por las ofensas recibidas, un saludo a la bandera española y la devolución de la goleta Covadonga tanto como la liberación de su tripulación hecha prisionera después de que ella fuera tomada por la corbeta Esmeralda a la altura de Papudo el anterior 26 de noviembre de 1865. El gobierno chileno rechazó de plano el ultimátum y, entonces, el jefe español anunció el bombardeo.

Surtos en la bahía se encontraban divisiones de la Marina inglesa como también de la Marina de los EE.UU. Los jefes de ambas se dirigieron al Brigadier Méndez Núñez y le hicieron ver la atrocidad que iba a cometer. El puerto de Valparaíso estaba completamente desarmado frente a una contingencia como esa, por lo que la acción española iba a terminar en una carnicería. Le ofrecieron a cambio organizar y patrocinar una especie de duelo naval entre las dos flotas contendientes, pero en igualdad de condiciones por lo cual la escuadra española debía reducirse de manera considerable. Méndez Núñez rechazó esta posibilidad: siendo inmensamente más poderoso, no podía arriesgar el destino de su misión en una aventura en la que, por compromiso, debía privarse del uso de sus buques más importantes. Por lo tanto, insistió en que iba a bombardear el puerto. Los almirantes de las flotas inglesa y norteamericana le notificaron entonces que ellos intervendrían con sus respectivas fuerzas para evitar la destrucción de Valparaíso. A la sazón, éste era un puerto muy importante para ambas potencias, pues les servía de base de operaciones en todo el sector del Pacífico sur este. Era la última carta que podía impedir el desastre.

Méndez Núñez, sin embargo, no se arredró y no retrocedió y así lo hizo saber al parecer con una lacónica comunicación: "La reina, el Gobierno, el país y yo preferimos más tener honra sin barcos, que barcos sin honra". Y sucedió lo impensado, los almirantes de las flotas inglesa y norteamericana sí retrocedieron y dejaron la vía libre para proceder. Sin duda, ni ellos se sintieron capaces de enfrentar a la flota española que exhibía a su frente al acorazado Numancia, tal vez uno de los buques más poderosos de la época. La población, entretanto, temiendo lo peor comenzó varios días antes a abandonar la ciudad, de modo que al llegar el fatídico día del 31 de marzo de ese año, ella estaba prácticamente deshabitada. Al amanecer, la fragata Numancia se adentró en el puerto y a las 8:00 a.m. disparó un primer cañonazo de aviso, al oír el cual los pocos habitantes que quedaban se fueron a los cerros y las iglesias, hospitales y escuelas izaron banderas blancas para que los fuegos no se dirigieran a ellos. La Numancia se retiró, pero una hora después, a las 9:00 a.m. se aproximaron los otros buques españoles y comenzaron el bombardeo. Este duró tres horas durante las cuales se dispararon más de 2.500 granadas que, por supuesto, destruyeron buena parte de la ciudad. Tal vez la pérdida más sentida fue la de los almacenes fiscales construidos poco tiempo antes y que constituían una pieza fundamental en la operación portuaria. A las 9:20 a.m. una bala dio en el reloj de la Intendencia que se detuvo instantáneamente dejando así constancia del instante en el cual fue impactado. Esta reliquia mucho tiempo arrumbada en el Museo Histórico en Santiago, hoy se exhibe con la debida solemnidad en el Museo Marítimo Nacional de Valparaíso. No hubo bajas personales, pues la ciudad se encontraba, como lo hemos dicho, deshabitada.

Terminado su "trabajo" la flota española abandonó Valparaíso y, poco después, la costa chilena y se dirigió, sin volver nunca más, a Callao para proceder también a bombardearlo, cosa que intentó el día 2 de mayo. Pero, el resultado fue muy diferente, porque El Callao se había preocupado de estar bien defendido por numerosas piezas de artillería cuyo fuego cubría toda la bahía. Por eso, el jefe español, después de iniciado el cañoneo pudo apreciar como éste era respondido por el de tierra de manera muy eficaz alcanzando con sus proyectiles a los barcos españoles. Dio por lo tanto por cumplida su misión y, navegando hacia el oeste, atravesó los océanos Pacífico e Indico. De esta manera, para volver a España sin regresar por el mucho más corto camino del Cabo de Hornos o del Estrecho de Magallanes, tuvo que dar la vuelta al mundo. Fu el epílogo de una aventura insensata que costó al ya enflaquecido erario español una verdadera fortuna que se costeó con el endeudamiento de varias generaciones de españoles y la pobreza de todo el país.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Hace 150 años - La guerra entre Chile y España

 
Combate Naval de Papudo
Óleo de Thomas Somerscales, (1842-1927)

En estos últimos meses se han estado conmemorando los 150 años de uno de los episodios más desafortunados de nuestra política de Relaciones Exteriores como fue la guerra contra España declarada en 1865. En lo que a Chile concierne, guerra en definitiva también urdida por las cúpulas políticas santiaguinas, apelando a un difuso sentimiento "americanista", y cuyo precio, a la postre, lo tuvo que pagar Valparaíso víctima de un inmisericorde bombardeo el 31 de marzo de 1866.

Es cierto que la provocación vino de la misma España. Esta había enviado en octubre de 1862 una expedición científica destinada a estudiar las costas de este continente y, aparentemente al menos, intentar un acercamiento con las repúblicas que no hacía mucho tiempo se habían desgajado de su corona. Pero, ¡oh sorpresa! la expedición científica se hacía escoltar por cuatro buques de guerra fuertemente armados. No fue de extrañar, entonces que, a poco andar, la visita científica y de cortesía , se convirtiese en una visita de amenaza y de agresión. Todo comenzó en Perú con un conflicto de relaciones laborales en el cual estaban implicados algunos ciudadanos españoles. Eso llevó al Gobierno español de la época a reforzar su flota con nuevas unidades y a ordenarle que ocupara las Islas Chinchas donde se encontraban los principales depósitos de guano cuya exportación constituía una de las bases de la economía peruana. En definitiva, aun antes de que el Perú reaccionara contra esta agresión, el gobierno chileno se sintió en la obligación no sólo de solidarizar con Perú sino de demostrar una abierta hostilidad a la actitud española. Por ejemplo, negando a la escuadra visitante todo tipo de abastecimiento y dejando libre campo para que desde todas partes llovieran los improperios sobre España. En definitiva, frente a un ultimátum español, el gobierno chileno responde con la declaración de guerra en septiembre de 1865.

La guerra fue únicamente naval, plano en el cual la superioridad española era abrumadora. La primera consecuencia fue la práctica desaparición de la marina mercante nacional. Los barcos que la formaban o cambiaron de bandera o se radicaron en el exterior o fueron destruidos por la naves españolas. En seguida, el bloqueo que la Armada española impuso a los principales puertos chilenos significó un severo golpe a nuestro comercio exterior. La reducidísima escuadra chilena, aun contando con el apoyo de algunas unidades peruanas, no tuvo otra alternativa que huir a esconderse en las aguas internas de Chiloé. Allí hubo algunas acciones de resultado incierto que para nada menoscabaron el dominio que España ejercía en el mar.

La única acción de triunfo para Chile sucedió el 26 de noviembre de 1865 cuando la corbeta Esmeralda, al mando de Juan Williams Rebolledo, capturó en una arriesgada maniobra frente a la costa de Papudo a la goleta española Covadonga. Ahí se encontraron por primera vez estas dos naves que años después, el 21 de mayo de 1879, habrían de combatir unidas en la rada de Iquique. Esta captura además provocó que el jefe de la escuadra española, almirante José Manuel Pareja se suicidara.

Fue sucedido en el cargo por el Brigadier Casto Méndez Núñez quien había llegado al mando del último refuerzo enviado desde España, la enorme fragata blindada Numancia que terminó por desequilibrar definitivamente la contienda. Con ella a la cabeza, la escuadra española se dirigió durante marzo de 1866 hacia Valparaíso con la orden de someterlo a un total bombardeo. Es lo que comentaremos en el artículo de mañana cuando se cumplan exactamente los 150 años de tan infausto suceso.

Chile un 12 de Febrero: de 1541 a 1818

 



Hoy conmemoramos un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad de Santiago en 1541. Lo cual es por sí mismo importante; pero, lo es doblemente cuando advertimos que ese fue el primer paso que dieron Pedro de Valdivia y su hueste en el afán de fundar un establecimiento con carácter permanente en este lejano territorio. Fue el origen de un largo proceso que habría de culminar 277 años después cuando, también un día 12 de febrero, pero esta vez de 1818, la comunidad humana que se había formado en torno a ese núcleo, y que ahora se desplegaba principalmente desde el valle del Copiapó por el norte hasta el río Bío-Bío por el sur, decidió que disponía de la constitución suficiente para llevar una vida autónoma y proclamó su independencia de la Corona Española.

Fue un esfuerzo colosal el que realizaron los conquistadores y sus descendientes por hacer de esta nueva patria un lugar que mereciera llevar el nombre de tal y que fuera capaz de subsistir de manera independiente. Pero, fue un esfuerzo compartido: desde el comienzo, esa pequeña cohorte de soldados no tuvo ningún inconveniente en formar junto al mundo indígena que la rodeaba una nueva raza que vendría a ser la base de la raza chilena. Esa fue la que forjó los fundamentos de la nueva nación sobre todo durante los siglos XVI y XVII. Durante el siglo XVIII llegó un nuevo aporte español proveniente en su mayoría de la región de Castilla y del país Vasco. Todos juntos dieron origen a este nuevo país o "reino" de Chile como entonces se le llamaba.

El trabajo que llevaron adelante fue ciclópeo. Nunca podremos agradecerles de manera suficiente lo que ellos hicieron para dar a luz a Chile. Desde los gobernadores de esos siglos hasta el más humilde de los peones, criollos, españoles e indígenas trabajaron sin descanso. Así nacieron las ciudades del Valle Central; así, los campos de donde salía el trigo y la carne, la leche, el sebo y la fruta de los que todos vivían, y así la naciente minería que de a poco se constituiría en el gran fundamento de la riqueza nacional.

Llegó el año de 1810 y con él, el inicio de un nuevo proceso. Este país se atrevía ahora a demostrar cuánto había madurado y se había fortalecido y, por eso, demandaba el derecho a regirse a sí mismo. Proceso lleno de vicisitudes que habría de culminar ese nuevo 12 de febrero de 1818, cuando fue proclamada solemnemente la independencia nacional. Y que había sido precedido un año antes, en 1817, por otro 12 de febrero, aquel de la victoria de Chacabuco sobre las fuerzas realistas.

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