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jueves, 2 de marzo de 2017

12 de Octubre EL VALOR DE LA HISPANIDAD por Jaime Eyzaguirre

 



12 de Octubre
EL VALOR DE LA HISPANIDAD


por Jaime Eyzaguirre:
"Hispanoamérica del Dolor"

"Es verdad que Iberoamérica ya no es España, pero también es verdad que sin ésta, aquélla no habría existido. ¿Qué vínculo ligaba a las tribus, qué solidaridad geográfica, aparte del nexo lugareño, se advertía en ellas antes de que el español viniera a dárselas, fundiéndolas a todas en el común denominador católico y cultural? Por eso lo español no es un elemento más en el conglomerado étnico. Es el factor decisivo, el único que supo atarlos a todos, el que logró armonizar las trescientas lenguas dispares de México y hacer de Chile, no ya el mero nombre de un valle, sino la denominación de una vasta y plena unidad territorial.

El español saltó por sobre las dificultades que le imponían las distancias geográficas, los particularismos de tribu y las adversidades raciales, para producir el milagro de la cohesión americana. Por eso lo que se haga por echar en olvido el nombre español en estas tierras y querer oponer a él una revalorización hiperbólica de lo indígena, irá en derechura a atentar contra el nervio vital que ata a nuestros pueblos. Todo lo que las viejas civilizaciones pudieron tener de valedero en el momento de plena decadencia en que los sorprendió la conquista, fue guardado y defendido por los mismos españoles que trajeron a tiempo el instrumento de la escritura, desconocido por los indígenas, para perpetuar la historia y las tradiciones de los vencidos. Lo que los conquistadores destruyeron apenas es comparable con lo que transportaron de cultura, y nadie puede ahora sentir merecida nostalgia por los sacrificios humanos de los aztecas, la antropofagia de los caribes o la magia negra de los araucanos. Hay que cuidarse a tiempo de esta retrogradación absurda e imposible a un autoctonismo ya superado, que voces interesadas alientan desde fuera. Esa la forma más sutil que se ha encontrado de barrer el espíritu en nuestros pueblos y echarlos desnudos a la nada para que allá los coja el primer imperialismo que pase."



miércoles, 18 de enero de 2017

LA BATALLA DE LEPANTO EN LA QUE COMBATIÓ MIGUEL DE CERVANTES

 



Hoy 22 de abril se celebran 400 años del fallecimiento de don Miguel de Cervantes

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"La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros" según palabras de Miguel de Cervantes que ahí estuvo combatiendo, y que ahí fue herido en su mano izquierda con el resultado de que perdió definitivamente su uso. Por eso, desde entonces se le conoció como el "Manco de Lepanto".

Se trataba de la batalla naval que el día 7 de octubre de 1571 tuvo lugar entre las flotas de la Santa Liga Cristiana y la del Imperio Otomano a la entrada del Golfo de Lepanto, en la Costa suroriental de Grecia.

Los turcos otomanos, en 1453 habían hecho realidad su viejo sueño de conquistar Constantinopla y hacer de ella su capital con el nombre de Istambul. El Impero que ellos formaban se había así convertido en una potencia mediterránea conquistando además las islas de Chipre y de Rodas, entre otras, como asimismo los países balcánicos y casi el 80% de Hungría. Occidente se veía muy amenazado y, desde luego, el comercio marítimo y las comunicaciones por el Mediterráneo quedaron seriamente menoscabados. Fue en esas circunstancias que el Papa de la época, Pío V, hoy San Pío V, movilizó las fuerzas de la cristiandad para hacer frente a este riesgo. A su llamado respondieron España, que haría el aporte mayor, las Repúblicas italianas de Génova y Venecia, el ducado de Saboya, la Orden de Malta y los mismos Estados Pontificios. Lograron armar una flota de poco más de 300 embarcaciones, de las cuales la mitad aproximadamente eran españolas. No fue de extrañar que un español, don Juan de Austria, tomara el mando superior.

Al frente, los otomanos disponían de un número similar de embarcaciones al mando de Alí Bajá, gran almirante del sultán Selim II. Ambas flotas eran tripuladas por un número asimismo similar de marineros y soldados que superaba en cada caso, los 90.000 hombres.

La batalla, como era de prever, fue muy encarnizada, pero la victoria fue total para la Armada cristiana. Los turcos perdieron casi toda la de ellos, pereciendo un buen tercio de sus efectivos. Además, fueron liberados cerca de 12.000 cristianos que servían de galeotes en las galeras enemigas.
San Pío V había encomendado la flota cristiana a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario por lo que, poco después, el día 7 de octubre pasó a ser el propio de esa advocación de María.

El peligro, conjurado por un momento, reapareció varias veces después; pero, fue disminuyendo con el tiempo. En fin, la derrota que en 1683 sufrió el ejercito turco a las puertas de Viena frenó definitivamente los afanes de expansión del Imperio otomano y marcó el comienzo de su decadencia que terminaría con su desintegración a finales de la Primera Guerra Mundial

Homenaje a Miguel de Cervantes - 400 años

 


Continuando con nuestro homenaje a Miguel de Cervantes, hoy reproducimos los textos que narran uno de los episodios más representativos de la mentalidad del Quijote: la batalla contra los molinos de viento. Guardando las debidas proporciones, bien se podrían aplicar estos textos, perennes en su actualidad, frescura y gracia, a la personalidad del mismo Cervantes.

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Capítulo VIII de la Primera Parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, titulado "Los molinos de viento"

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Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vió, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.

Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear, tal fue el golpe que dio con él Rocinante. ¡Válame Dios! dijo Sancho; ¿no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no los podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? Calla, amigo Sancho, respondió Don Quijote, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada. Dios lo haga como puede, respondió Sancho Panza.

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Imagen: Boceto titulado ""Don Quijote", pintado en 1955 por Pablo Picasso

Miguel de Cervantes - 400 Años

 


El 22 de abril se celebrarán los 400 años del fallecimiento de don Miguel de Cervantes y como homenaje al más notable escritor de la lengua castellana, que con su obra ha traído alegría y cultura a decenas de generaciones. Y, a la vez, como agradecimiento a su trabajo de perfeccionar nuestra lengua, hoy reproducimos esta canción que expresa el ideal que movía no sólo a su personaje don Quijote de la Mancha sino, sin duda, al mismo Cervantes.

UN SUEÑO IMPOSIBLE (The Imposible Dream or The Quest) es una canción escrita por Joe Darion y compuesta por Mitch Leigh para el musical de Broadway estrenado en 1965 titulado "Man of La Mancha"
Este año se cumplen 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)

Aquí escuchamos su versión en castellano interpretada por Plácido Domingo


Letra:


Con fe lo imposible soñar
al mal combatir sin temor
triunfar sobre el miedo invencible
en pie soportar el dolor


Amar la pureza sin par
buscar la verdad del error
vivir con los brazos abiertos
creer en un mundo mejor


Es mi ideal
la estrella alcanzar
no importa cuan lejos
se pueda encontrar
luchar por el bien
sin dudar ni temer
y dispuesto al infierno llegar si lo dicta el deber


Y yo sé
que si logro ser fiel
a mi sueño ideal
estará mi alma en paz al llegar
de mi vida el final


Será este mundo mejor
si hubo quien despreciando el dolor
combatió hasta el último aliento


Con fé lo imposible soñar
y la estrella alcanzar

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