miércoles, 18 de enero de 2017

DELINCUENCIA EN VALPARAISO

 




Lo que ocurrió el sábado pasado 21 de mayo en Valparaíso no puede dejar indiferente a nadie, pues ciertamente la víctima no ha sido sólo una persona, ni una ciudad sino todo el país como, por lo demás, sucede con los continuos actos de violencia en la Araucanía y en las regiones aledañas. El que con anticipación se haya sabido que en ese sábado iba a haber problemas y que masas de delincuentes iban a tratar de copar la ciudad no disminuyó para nada el trauma provocado. Desde luego, por la inusitada violencia de que fuimos testigos y víctimas y que llegó al punto de provocar el incendio y destrucción de un inmueble municipal y, dentro de él, la muerte de un modesto funcionario. Pero, en lo fundamental por la total pasividad de nuestras autoridades para adelantarse a los hechos y prevenirlos de tal manera de evitar que ellos se produjeran. No puede ser que frente a la amenaza que se cernía y que nadie ignoraba, la única medida del gobierno haya sido puramente defensiva, la de aumentar la dotación de carabineros. De hecho, la seguridad en el resto del país quedó muy afectada; pero, más grave aún, se sabía -y los delincuentes lo sabían- que esos carabineros iban a salir a la calle con una mano atada a la espalda. Está ya rematadamente claro que el Gobierno no los respalda en los momentos más severos. No se podía esperar que ellos salieran a hacer un trabajo que después iba a ser condenado por sus propias autoridades.

El General Director ha llamado a las familias a hacerse cargo de la cuota de responsabilidad que ellas tienen en la producción de estos delincuentes; pero, evitó referirse a quienes son los principales responsables de que la violencia y la inseguridad dominen en el país. De acuerdo a nuestra ley quien tiene el mando de las fuerzas de seguridad y de orden (PDI y Carabineros), es decir el Ministro del Interior, es el primer responsable de que en el país la paz, la tranquilidad y la seguridad sean realidades efectivas y, por lo tanto, él debe responder por el hecho de que, como sucede ahora, disten mucho de serlo. Pero es también la Presidente de la República la que no puede escabullirse frente a su personal responsabilidad. No nos encontramos frente a hechos aislados de violencia sino de una escalada que con rapidez va copando todos los ámbitos de la vida en común. A los lanzazos siguieron los portonazos y, a éstos, los turbazos. Los asaltos a hogares y la destrucción de cajeros automáticos no disminuyen para nada, como tampoco disminuye la violencia doméstica y, entretanto, nuestras ciudades sucumben frente a la imparable ofensiva grafitera. Algo tiene que decir la primera autoridad de la nación y, hasta ahora, no se la oye. Es casi inevitable concluir que mientras el país está en una muy dura, su primera autoridad está en otra de mucho ensueño.


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El texto que aparece a continuación fue publicado el 25 de mayo.

Valparaíso está de duelo por el fallecimiento de Eduardo Lara (el sábado 21 de mayo), funcionario municipal, víctima del terrorismo.

COMPARTO la Marcha Fúnebre de Beethoven, Tercera Sinfonía (Heroica)




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